domingo, 5 de agosto de 2018

TRASTORNOS DEPRESIVOS



            Según la Organización Mundial de la Salud, la depresión es un trastorno de estado de ánimo que se caracteriza por la “presencia de tristeza, pérdida de interés o placer, sentimientos de culpa o falta de autoestima, trastornos del sueño o del apetito, sensación de cansancio y falta de concentración” (OMS, 2018). Generalmente, en una persona que carece de depresión, estas emociones desaparecen en unos días. Sin embargo, las que tienen un trastorno depresivo crónico o recurrente, éste estado de ánimo prevalece en su vida diaria, afectando a su desempeño tanto laboral, escolar y social. Sin tratamiento alguno, este padecimiento podría significar un riesgo importante de suicidio. Según la OMS, ésta es una enfermedad frecuente que afecta a más de 300 millones de personas en el mundo y es la principal causa de discapacidad laboral. Actualmente, existen tratamientos efectivos, tanto con medicamentos, psicoterapias o terapias electroconvulsivas (OMS, 2018).

            Aún no se conoce la causa exacta o directa de la depresión. Pero se considera que esta se produce por un conjunto de factores tanto biológicos, genéticos, químicos, hormonales, ambientales, psicológicos y sociales. En cuanto al factor genético, los familiares de primer grado de una persona con un cuadro depresivo, son más propensas a padecerlo también. La neuroquímica podría ser un factor importante también. Las nuevas tecnologías para el estudio del cerebro (como la resonancia magnética), demostraron que la actividad cerebral de una persona con depresión es diferente a una que no la padece (Instituto Nacional de la Salud Mental, 2009). No obstante, estas imágenes no revelan la causa por la cual se da la depresión. Los neurotransmisores[1] importantes como la noradrenalina, serotonina y dopamina muestran estar en proporciones anormales. Los factores endocrinos también interfieren de forma importante tales como: la alteración en la secreción de hormona del crecimiento, la secreción excesiva de cortisol o el aumento y la disminución de estrógeno (en las mujeres). Un episodio depresivo podría presentarse también después de sucesos estresantes como un trauma, la muerte de un familiar, una relación disfuncional, el exceso de trabajo, problemas intrafamiliares o la pobreza (Alarcón, Gea, Martínez, Pedreño, & Pujalte, 2010).  



[1] Sustancias químicas que las células del cerebro utilizan para comunicarse.

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