domingo, 5 de agosto de 2018

DESARROLLO


Generalmente, se ha clasificado a la depresión en dos tipos: trastorno depresivo mayor y el trastorno distímico.  Existen también otros tipos (más leves), los cuales serán clasificados más adelante. El trastorno depresivo mayor o grave se caracteriza por síntomas que incapacitan a la persona para trabajar, estudiar, dormir, comer, y deleitarse de las actividades que anteriormente generaban placer; lo que conlleva a que no se desempeñe con normalidad en sus actividades cotidianas. Este trastorno es heterogéneo, es decir tiene más clasificaciones. Generalmente, una persona puede tener episodio de esta enfermedad, con tendencia a que este recurra durante toda su vida. Dentro de estos episodios depresivos está la depresión melancólica. A diferencia de los otros, este puede diagnosticarse con facilidad. Se define como una cualidad del estado de ánimo relacionado a la “falta de reactividad del humor, anhedonia, empeoramiento matutino, despertar precoz, alteraciones psicomotrices, anorexia o pérdida de peso significativas, sentimientos de culpa inapropiados y buena respuesta a los tratamientos biológicos (antidepresivos y TEC), así como nula respuesta al placebo” (Alarcón, Gea, Martínez, Pedreño, & Pujalte, 2010). Los cuadros de depresión más graves pueden empeorar con sintomatologías psicóticas, causando una depresión psicótica, que viene acompañada del rompimiento de la realidad, alucinaciones, y delirios. La depresión mayor no melancólica es probablemente indistinguible cualitativamente de la distimia y padecen de otros trastornos mentales. Dentro de este grupo, está la depresión atípica, que la padecen las personas con una mala respuesta a los antidepresivos tricíclicos como la amitriptilina, amoxapina, desipramina, doxepina, imipramina, nortriptilina, entre otros (Alarcón, Gea, Martínez, Pedreño, & Pujalte, 2010).

El trastorno distímico o distimia se caracteriza por síntomas de mayor intensidad y duración (dos años o más). Éste podría no incapacitar a la persona como el trastorno depresivo mayor, pero sí impedirle el desarrollo de una vida normal o estar de buen estado de ánimo. Las personas que la padecen podrían tener uno o más episodios de depresión grave en su vida.  Se estima además que el 20- 30 % de los pacientes con trastorno depresivo grave, también tienen los síntomas de la distimia, cuadro clínico conocido como depresión doble. Así también como un 40 % de las personas con distimia podrían desarrollar depresión mayor según la evolución de la enfermedad (Alarcón, Gea, Martínez, Pedreño, & Pujalte, 2010).

Se podría desarrollar depresión como un efecto colateral o secundario por el uso de un fármaco o por el padecimiento de otra enfermedad. Por ejemplo, si le es diagnosticado a un paciente cáncer, y su reacción desarrolla una depresión, tendría una depresión psicógena[1]. No obstante, si una persona desarrolla una depresión que viene fisiopatológicamente ligada al cáncer, tendría una depresión orgánica. Las causas más frecuentes de ésta son: las enfermedades endocrinas y metabólicas (p. ej. enfermedad de Addison, diabetes, cáncer), enfermedades infecciosas (p.ej. SIDA, neumonía, hepatitis), enfermedades neurológicas (p.ej. demencia tipo Alzheimer, Parkinson, Esclerosis Múltiple), colagenopatías (lupus, artritis reumatoide), el uso de fármacos neurológicos y psicofármacos (carbamacepina, fenitoína, amantadina), esteroides entre otros. Hay otros tipos de depresión, pero son menos graves que los anteriores. Se calcula que entre el 10 y 15% de mujeres sufren depresión posparto dentro del primer mes de dar a luz. Por último, el trastorno afectivo estacional o TAE, como su término lo indica, se trata de un tipo de depresión que aparece durante los meses del invierno o cuando hay poca luz solar natural. Puede tratarse con terapia de luz o en casos más graves con antidepresivos o psicoterapia (Alarcón, Gea, Martínez, Pedreño, & Pujalte, 2010).
Cualquier tipo de depresión anteriormente mencionados son tratables, aún en los casos más graves. Mientras menos tiempo se espere para comenzar las terapias, sería menos complicada de tratar. Cabe recalcar que otras condiciones médicas (como la infección de un virus o trastornos de tiroides) tienen la misma sintomatología, por lo que se recomienda asistir a un médico, el cual sometería al paciente a exámenes físicos, entrevistas y pruebas de laboratorio (NIH, 2011). Si con esto se descarta la presencia de otras patologías, llevaría a cabo una evaluación psicológica. Una vez diagnosticada la depresión, el profesional que lo trata debería comenzar el tratamiento. Generalmente se recetan psicofármacos o se realizan psicoterapias. Los medicamentos que se recetan son los antidepresivos, que tienen la función de normalizar los neurotransmisores como la serotonina, la norepinefrina o la dopamina. Los más conocidos y utilizados son los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina, en los que destacan la fluoxetina (Prozac), el citalopram (Celexa), la sertralina (Zoloft) (NIH, 2011). Dependiendo del paciente, los antidepresivos tricíclicos o los inhibidores de la monoamino oxidasa tienden a tener menor cantidad de efectos secundarios.
Entre los efectos secundarios están dolores de cabeza, náuseas, insomnio, problemas sexuales, entre otros. Sin embargo, en el 2004 la Administración de Drogas y Alimentos o FDA, realizó una investigación exhaustiva en 4.400 pacientes de toda edad que tomaban antidepresivos y concluyó en que el 4% de estos individuos tuvieron pensamientos suicidas o intentaron suicidarse. Para evitar este tipo de contrariedades, existen placebos o remedios caseros como el extracto de hierba de San Juan (Hypericum perforatum L.) para tratar los casos de depresión más leves (Instituto Nacional de la Salud Mental, 2009). La psicoterapia es una opción efectiva. Dependiendo de la gravedad del caso, puede durar entre 10 semanas hasta algunos años, y destacan la terapia cognitivo-conductual[1] y la terapia interpersonal[2]. La psicoterapia podría ser la mejor opción para tratar casos leves o moderados. En el caso que ni los medicamentos o la psicoterapia ayuden en el tratamiento, en casos más graves se recurre a la terapia electroconvulsiva o de choque. En ésta, se le aplica un relajante muscular, se le anestesia y recibe un pulso eléctrico indoloro (Instituto Nacional de la Salud Mental, 2009).




[1] Asociada a la personalidad o reactiva a acontecimientos vitales
[2] Cambia sus estilos negativos de pensamiento y de comportamiento que pueden contribuir a su depresión.
[3] Ayuda a entender y resolver relaciones personales problemáticas que pueden causar o empeorar su depresión.



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